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Por qué falla una emulsión

Y por qué casi nunca es culpa del emulsionante

Una emulsión puede verse estable al salir de planta.
Y fallar días después.

Cuando eso pasa, el problema no suele ser un ingrediente puntual.
Suele ser el sistema.

El problema real

En formulaciones alimentarias, las emulsiones fallan de formas conocidas:

  • separación de fases

  • “corte” durante el almacenamiento

  • cambios de textura entre lotes

  • pérdida de estabilidad frente a temperatura o humedad

No son fallas aisladas.
Son síntomas.

Y aparecen incluso cuando se usan emulsionantes técnicamente correctos.

 

Lo que ese problema genera (y no siempre se mide)

Una emulsión inestable no afecta solo al producto final.

También genera:

  • ajustes constantes en planta

  • reprocesos

  • pérdida de tiempo en pruebas

  • dificultad para escalar formulaciones que funcionan en laboratorio

El costo no siempre está en la materia prima.
Muchas veces está en la variabilidad del proceso.

Cuando una formulación depende de correcciones permanentes, deja de ser controlable.

 

La causa que suele pasarse por alto

El error más común no es elegir mal el emulsionante.

Es tratar sistemas distintos como si fueran iguales.

No es lo mismo:

  • una emulsión predominantemente grasa

  • un sistema mayoritariamente acuoso

  • un producto instantáneo

  • una formulación con pH ácido o presencia de sales

Sin embargo, muchas fallas vienen de aplicar la misma lógica de emulsión a contextos completamente distintos.

Cuando el emulsionante no tiene afinidad real con la fase dominante del sistema, la emulsión puede “aguantar” al principio, pero no sostenerse en el tiempo.

 

Qué cambia cuando el enfoque es correcto

Cuando la formulación se piensa desde el sistema —y no solo desde el ingrediente—, el resultado es distinto:

  • emulsiones más estables

  • menor dependencia de ajustes manuales

  • comportamiento más predecible frente al almacenamiento

  • procesos más fáciles de replicar y escalar

La diferencia no está en agregar más ingredientes.
Está en elegir el enfoque correcto.

 

Un criterio que suele dar mejores resultados

En la práctica, mejorar la estabilidad implica:

  • entender cuál es la fase dominante del producto

  • elegir emulsionantes con afinidad real por ese medio

  • considerar pH, sales, humedad y condiciones de proceso

  • ajustar dosificación según función, no por costumbre

No existe una solución única para todas las emulsiones.
Existen soluciones distintas para sistemas distintos.

 

Para llevarse una idea clara

Cuando una emulsión falla, antes de cambiar toda la receta conviene preguntarse:

¿Estoy formulando según el sistema real del producto
o estoy forzando una solución genérica?

Muchas veces, la estabilidad no se corrige agregando más ingredientes, sino cambiando el criterio de formulación.

 

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Carlos C. Oviedo

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